18 de enero de 2011

Las autonomías un problema?

Muy movido está últimamente el patio político español (central) en relación a lo que hasta ayer era un éxito, hoy es un problema. Vaya, como los políticos que dirigen, y los que esperan dirigir, los destinos de esta España, todavía nuestra, al ser incapaces de hacer frente a los retos globales, a la crisis económica instalada en occidente, y por ende aquí, sin propuestas de consenso ni con una visión de futuro. Se han echado al monte de la especulación y la demagogia baratas, pero efectivas hacia el gran público, embistiendo al régimen autonómico, como si este fuera el gran culpable.

O mucha ignorancia hay en la Madrid (política) o mucho mal político tenemos en este país. Porqué ¿Quién sino ha gobernado la mayoría de comunidades autónomas desde su fundación sino el bipartido PP-PSOE? , Si, ya, el PNV o CiU, en el País Vasco y Cataluña respectivamente, pero no son estos los que reniegan del régimen autonómico. En todo caso, habrá sido la mala gestión, el despilfarro, el clientelismo al que se han dado los gobernantes del PP-PSOE en las diversas comunidades autónomas que han gobernado.

Otro aspecto, menos visible de la cuestión, es la "élite" chupoptera que desde tiempos de Felipe II se instaló en Madrid para vivir a cuenta del espolio de las indias occidentales primero y de la periferia peninsular después. No en vano los polos industriales del país Vaso y Cataluña empujaron a sus respectivas burguesías a hacer frente a la burguesía de toga y espada que señoreaba en la corte de Madrid.

¿Que es España, como estado? Sino un conjunto de intereses económicos, de prestigio y pseudoelitismo que vive a cuenta, y del cuento, de la economía productiva generada en las regiones periféricas de esta España nuestra, todavía.  Que con esta ultima crisis económica han visto menguar sus bases, al poner de relieve la duplicidad del estado español; con un estado centralista decimonónico e inútil, y fracasado, superpuesto al estado descentralizado de las autonomías, que ha sido capaz de dar respuestas directas, concretas y eficaces a los problemas de la sociedad española, adecuado en cada caso regional. 

Quizá, o seguramente, si queremos evitar duplicidades administrativas deberíamos dar un paso, como país, como nación, hacia un estado federal, concretando muy bien las competencias de la federación y dando más operatividad a cada comunidad autónoma. Colegislando (regiones y federación) en más materias, al ejemplo de la república federal alemana. Y, por tanto, con una verdadera cámara que represente a las regiones, y no la farsa del Senado actual, por accesorio e inútil.

Miquel Nicolau Preto Fernández

11 de agosto de 2010

"Catalán" como insulto.

Mucho gusta en este país de países, España, la crítica vacía y crispadora, últimamente. Pero hoy no voy a disertar, ni intentar hacer una crítica al respecto sino sólo contar algo que les sucedió a mis padres hace unas pocas semanas. 

Para ponerles en situación, decirles que mis padres ya son mayores, él 75 años y ella 69, y gente muy pacífica. Residen en una localidad de unos ocho mil habitantes mal contados, con un porcentaje de población emigrante (de origen español) que cálculo rodará el 40% y de origen extrangero sobre el 10%, si no son más. Mi padre es nacido allí y mi madre se trasladó, desde Mahón, al casarse. El nombre de la población es Es Castell, aunque oficialmente llegó a denominarse  Villacarlos, y su primer nombre fue Georgetown.

Aquí viene la historia. Una tarde del mes de julio, de 2010, regresaban mis padres de visitar una hija, el nietecito y su nuero, andando por la acera a su paso de personas mayores. En un momento dado se encontraron con un grupo de muchachos, unos sentados en un portal otros de pie en la acera, ocupando casi todo el espacio de tránsito para peatones, que cerraban la hilera de coches aparcados. En ese punto y momento, los muchachos a más de dar muestras de una carencia de urbanidad, nada sorprendente desgraciadamente, todavía hicieron más difícil el paso a estas dos personas.

Creyendo mis padres que ya habían dejado atrás tal incordio, pronto se vieron rebasados por dicho grupo de  muchachos, cómo si no hubiera nadie más transitando en la acera. Y de nuevo se encontraron mis padres con la situación descrita en el párrafo anterior, que sortearon de igual forma, salvo que esta vez encontraron una actitud más hostil por parte del grupo muchachil.

No acabó ahí la cosa, ya que volvieron los del grupo a rebasar a mis padres y volverse a poner a modo de muralla humana (en su sentido físico) en su trayecto. Esta vez, ya, mi madre, muy digna ella, les dijo al grupo que ya estaba bien, a ver si los dejaban pasar, con un tono moderado sabiendo que no le falta razón alguna. Cuya sorpresa al alejarse del grupo fue la de oír, como los muchachos se dirijan a ellos de manera  despectiva cómo "catalanes de ......" .

Debo informar a los lectores, y lectoras, que ni mis padres ni nadie de mi familia son catalanes, y aunque lo fueran no cambia la cosa, viven en la isla de Menorca, que no forma parte de la comunidad autónoma catalana, no comulgan con ideas de carácter nacionalista de ningún tipo, son muy tolerantes y respetuosos con los demás, con amistades de varias nacionalidades, y con una dignidad humana de gran calado y calidad.

Miquel Nicolau Preto Fernández



Nota: los puntos suspensivos que acompañan al gentilicio plural de los nativos y naturalizados en la región española del noreste peninsular sustituyen un término vulgar, que empieza por la letra eme y termina por la a, producto de la evacuación orgánica de residuos alimenticios posterior a su digestión y tránsito por los intestinos.

16 de marzo de 2010

Racismo y xenofóbia

No podía tardar mucho la reacción racista y xenófoba en el deambular de esta crisis económica, y de valores diría yo. Siempre se ha dicho que los más débiles son los que salen más perjudicados. Y tras un espectacular, y por lo que se ha visto falso, crecimiento económico en la primera década de este siglo, los más débiles se empiezan a azuzar entre ellos. O mejor dicho, los menos débiles de los más débiles empiezan a azuzar a los más débiles de los más débiles. Que aunque parezca un juego de palabras, me voy a atrever a poner apellidos a ambos.

Sin duda, y los datos están ahí, los más perjudicados de esta crisis son; por un lado los inmigrantes menos calificados y por otro los nacionales que han renunciado a mejorar su calificación, a pesar de los esfuerzos del estado del bienestar en las últimas décadas. El choque no es imprevisible. La crisis ha hecho mella, como siempre, en el menos informado (y menos formado) y en el menos integrado (con poca o nula red social). Y la batalla social adopta un sentido horizontal y no vertical. Pues la competencia ha venido de afuera, los nacionales más débiles (ante la crisis) ven en la inmigración su gran rival, su competencia por los escasos puestos de trabajo, por la raquítica red de asistencia social, por los espacios públicos y para hacer frente a la oferta de vivienda.

Mientras los de abajo no alcen sus miradas, más allá de su entorno, y reclamen para sí una, u otra oportunidad, en esta sociedad. Y, por tanto, sigan encallados en disputas de carácter racista o xenófobo. Éste, el discurso xenófobo, hará mella, cada vez más profundamente, en el subconsciente social y se irá extendiendo a capas más elevadas de la sociedad debido a miedos, perjuicios o populismo político, tal como ha sucedido en otras sociedades europeas, en teoría, más avanzadas que la nuestra.

La xenfóbia y el racismo llama a la puerta. De todos y todas nosotros dependerá que se cuele por la puerta de nuestra sociedad, por ahora ya tiene un pié dentro. No dejemos que deslice el otro pié, expulsemosla sin demora y con toda nuestra energía.

Miquel Nicolau Preto Fernández

19 de diciembre de 2009

No Hay Tiempo que Perder: Por la libertad de Juan López de Uralde: vuelve a casa, vuelve, por Navidad

No Hay Tiempo que Perder: Por la libertad de Juan López de Uralde: vuelve a casa, vuelve, por Navidad

Cumbre de Copenhague contra el cambio climático

Llegó a su fin la cumbre que debía de abordar la estrategia planetaria para hacer frente al cambio climático, ocasionado por la emisión de gases de efecto invernadero. Tras dos años de la anterior cumbre en Bali y a, otros, dos años de la caducidad del protocolo de Kioto en el 2012, parece que los lideres mundiales no han sabido llegar a un acuerdo efectivo al respecto.

Todas las críticas van dirigidas a los lideres mundiales, los jefes de estado y de gobierno de todos y cada uno de los estados miembros de Naciones Unidas. Pero, me pregunto, ¿Están las sociedades, especialmente la de los países desarrollados, a la altura de este reto global o en su egoísmo materialista y corto de miras les es indiferente, no ya, un acuerdo, sino, incluso, la ausencia de un verdadero acuerdo para hacer frente al más que previsible cambio climático?

Cualquier solución, siempre, es más sencilla de lo que a priori podemos imaginar. Sólo entendiendo el problema en todas sus vertientes podemos hallar la solución. Aunque en este caso se sabe el problema y se sabe la solución. Falla el acordar conjuntamente, entre todos los representantes de todas las naciones de la Tierra, las actuaciones que se han de llevar a cabo para cada uno de sus integrantes.

La Unión Europea que puede liderar, por su peso e interés, un acuerdo realista ha quedado ensombrecida por la estela de Barack Obana, en quién se tenían depositadas muchas esperanzas, ha tropezado con los gigantes asiáticos, China e India, de puertas a fuera y por los sectores más conservadores, que siguen cuestionando el hecho del cambio climático, de puertas a dentro en los Estados Unidos.

Los intereses de las potencias petroleras, tradicionales y emergentes, se han hecho notar de la mano del presidente Venezolano Hugo Sánchez, quién aprovechando el foro internacional ha seguido con su política de crítica a los Estados Unidos. Y el resto de países en vías de desarrollo han quedado a la espera de recibir apoyo político y, sobre todo, económico de las grandes potencias a fin de adherirse al acuerdo final.

La cumbre de Copenhague ya ha finalizado, cierto. Pero el problema sigue ahí; la acumulación en aumento de gases efecto invernadero (CO2 en mayor medida) que si no se ataja rápida y decididamente va a ocasionar mayores y más trágicos problemas de aquí a finales de siglo. Pero, claro, en este futuro a corto plazo ¿Cuantos lideres mundiales seguirán en vida? al fin y al cabo, no será un problema suyo.


P.D. Mi total apoyo a Juantxo, que si no se remedia, pasará estas Navidades en una cárcel de Dinamarca por decir las cosas claras y de forma pacífica. Juantxo está en la cárcel por exigir una solución mientras quienes deberían haberla adoptado pasaran otra Navidad en sus lujosas residencias oficiales.

17 de diciembre de 2009

Estados, lenguas y oficialidad

Un tema recurrente en el constitucionalismo español del siglo XX ha sido la cuestión lingüística. En un país con una diversidad lingüística como España, siempre ha sido un tema espinoso. Ni la imposición de un monolingüísmo estatal en base al idioma de la corte primero, ni un estatus de doble oficialidad en la mayoría de las zonas con lengua propia después, ha posibilitado una paz lingüística en términos políticos. Todavía, hoy, en plena sociedad de la información y la comunicación resulta poco, o nada, comprehensible la existencia de una pluralidad lingüística en España por parte, mayoritariamente, de la población castellano parlante.

En términos de constitucionalismo comparado deberíamos analizar, primero, qué soluciones constitucionales y legales se han dado en otros países multilingües. Dejando de lado los países básicamente monolíngües, ya que sería muy dificultoso hablar, propiamente, de monolingüísmo natural en cualquier país. Cabría estudiar que adaptaciones constitucionales han tenido lugar en los países plurilingües que han reconocido su realidad. Sin salir de Europa.

El caso francés resulta tan paradigmático como único; la imposición del dialecto de la región de París por encima, y menospreciándolos como "patois", en relación al resto de dialectos y lenguas (principalmente el occitano), que promovió la lengua de oil a única lengua francesa. Con parecidos resultados pero en diferentes circunstancias el inglés terminó por imponerse, cómo lengua del imperio, en las islas británicas arrinconando a las lenguas celtas. Este modelo fue el que quiso imponerse durante el siglo XIX y buena parte del XX, especialmente durante la dictadura nacionalista del General Franco, en España.

El caso suizo, por un lado, en dónde se reconocen sus cuatro lenguas propias (francés, italiano, alemán y retorrománico) en sus ámbitos territoriales, además de elevar a lenguas nacionales las tres más habladas (francés, italiano y alemán) deviniendo una obligación constitucional el conocimiento por parte de los y las ciudadanas helvéticas de al menos dos lenguas nacionales, sean cuales fueren, convirtiendo de hecho y de derecho en bilingües a todos sus habitantes. A pesar de las similitudes con España, en relación al multilingüísmo, este modelo sería de difícil implantación en España por la aprensión de la mayoría de la población castellano hablante hacía el resto de lenguas españolas, y en democracia los números cuentan.

La solución belga con la separación en comunidades lingüísticas (flamenca, valona y alemana) tropezaría en España por un sentimiento regionalista muy arraigado, que no coincide con la distribución geográfica de las lenguas, lo cual agravaría más que aplacar la situación actual. Como referencias los hablantes gallegos en las provincias de León y Asturias, las comarcas catalanoparlantes de la franja oriental de Aragón, el valle de Aran de lengua occitana en Cataluña, las dos zonas lingüísticas de la comunidad valenciana (la castellana y la catalana/valenciana), entre otras, sin dejar el tema del asturleonés y del aragonés.

De otro lado y en relación a las minorías lingüísticas y su encaje constitucional y legal en diversos países casi monolíngües de Europa. Nos encontramos con la protección y oficialidad del sueco en Finlandia, de las garantías constitucionales de los hablantes de suabo en Alemania, y de las recientes soluciones constitucionales de minorías nacionales en los diversos países de Europa del este, que por su variedad y peculiaridad no vamos a detallar.

En último lugar, trataremos del caso español. La vigente constitución española de 1978, de manera singular en el constitucionalismo occidental, reconoce de hecho la realidad plurilíngüe de España, pero sólo se atreva a nombrar una de las diversas lenguas habladas, y siguiendo la estela del constitucionalismo decimonónico impone como deber, y como derecho, el conocimiento obligatorio de la lengua castellana, dejando la puerta abierta a la oficialidad del resto de lenguas que se hablan, originariamente, en España al desarrollo del estado autonómico sin ninguna otra restricción que la garantía, imperativa, constitucional del conocimiento del castellano.

La respuesta mediante los respectivos estatutos de autonomía de las diferentes regiones que reconocieron, y reconocen, una lengua propia diferente al castellano se tradujo en un tímido reconocimiento de cooficialidad y, sólo, como derecho en el respectivo territorio de la demarcación autonómica. Cabe mencionar que sólo se reconocieron como cooficiales el gallego, en Galicia, el vascuence en el País Vasco y parte de Navarra, y el catalán/valenciano en Cataluña, la comunidad Valenciana y las islas Baleares. Tanto el asturleonés como el aragonés no pasaron de cierta mención, si se produjo, en los estatutos de las regiones de sus hablantes.

El principal cambio a este estado de la cuestión lingüística en España viene dado en relación al nuevo estatuto de autonomía de la comunidad catalana, cuyo texto equipara el catalán, en esa región, al castellano dando lugar a un bilingüísmo de derecho, similar al caso suizo mencionado anteriormente, pero sólo en la región catalana y para sus naturales. Esta disposición se encuentra sometida a juicio de constitucionalidad a tenor de diversos contenciosos ante el Tribunal Constitucional español de este nuevo estatuto de autonomía. Sin que en principio, aparentemente, vulnere disposición constitucional alguna al ser el artículo 3 de la Constitución Española de 1978 totalmente abierta a la oficialidad del resto de las lenguas españolas.